21/4/18

NUEVO TORNEO ABIERTO ON LINE DE AJEDREZ TRADICIONAL EN OPENGAMES.

Está abierta la inscripción gratuita hasta el 30/04/2018, al nuevo Torneo abierto Internacional de Ajedrez tradicional, on-line tipo correspondencia, a 3 días por jugada. Comienza el 02/05/2018.
La dirección del sitio es: http://www.opengames.com.ar/es 


 

7/4/18

AJEDREZ (poesías haikus)

Ajedrez vive
las grandes aventuras
de nuestra mente.

Un Dios provisto
de mágica sublime
quiso crearlo.

En el tablero
suena una melodía
y es la partida.

Las estrategias
y tácticas del juego
son su belleza.

Es nuestra vida
un ajedrez que juega
con el destino.

Como sus piezas 
al final de la vida
vamos a caja.

23/9/17

Recuperarse del otoño

Mirando abstraído las hojas caídas en el parque, el abuelo piensa que también para él llegó el otoño de su vida; ya no soporta el frío y el viento y se cansa al caminar. Recuerda que le han salido más canas y arrugas en la cara y tiene un color mustio en la piel. Imagina tratando por todos los medios de escapar con su mente de esa tristeza que lo envuelve, que sería muy lindo poder rejuvenecer cuando vuelva la primavera, como lo hacen los árboles en la naturaleza con sus nuevas ramas, hojas y flores. ¡Que bajón tiene el abuelo! Su pequeño nieto le acaba de dar mate jugando al ajedrez en un banco del parque.

15/7/17

Devolución y cambio

Estaba tratando de comprarle un regalo a mi pequeño hijo y entré en una juguetería en una galería comercial del centro.
― Hola, estoy buscando algo para un chico de seis años ―,  le dije a la vendedora.
― Ah, muy bien. Aquí tiene un pequeño dinosaurio que está promocionado en la televisión y que se vende mucho. Se desplaza en forma remota profiriendo unos alaridos y es para un chico de hasta siete años de edad.
―  Está bien lo llevo ―, le dije.
― Mire que necesita pilas para el comando y ellas no vienen incluidas ―, me aclaró la vendedora.
― De acuerdo, colóquelas que las llevo.
― Escuche como suena ―,  me dijo la vendedora luego de instalar las pilas.
― Está bien, pero apáguelo por favor que me aturde ―, le contesté.
―Si tiene algún problema dentro de la semana se lo cambiamos trayendo la factura de compra, me dijo finalmente.
Al salir, pensé que el nene haría tanto ruido jugando con el dinosaurio en el departamento que no sólo me molestaría a mí, sino también a los vecinos y entonces decidí retornar a la juguetería.
Hoy mi hijito y yo nos estamos divirtiendo con un hermoso juego de ajedrez que si bien no está promocionado por la televisión, no consume pilas y no produce ese ruido espantoso. Con mucha paciencia le he enseñado a jugar y es muy agradable observar como comienza a avanzar rápidamente en el conocimiento de ese apasionante e instructivo juego.


13/6/17

El ajedrez de la vida

Son pocas las piezas de dos colores
que están en el tablero despoblado.
Quedan un rey postrero en cada lado
torres y unos peones agresores.

Sufriendo los jaques acosadores
al final un rey triunfa alborozado.
Mas por la lucha que ha desarrollado
son muy breves momentos seductores.

También en el devenir de los días,
los hombres son felices al vencer
en sus claras y oscuras biografías.

Pero igual que el rey deben padecer,
y al fin de sus vidas las alegrías
son sólo instantes del acontecer. 










Finalista I Concurso Sonetos Rafael Alberti.
Incluido en el libro  Hikus y Sonetos XI.
Letras como Espada. España. Junio 2017.

11/6/17

Ajedrez y magia negra

Cuanto más jugaba al ajedrez, menos lo comprendía. El jugador había perdido ya dos veces en el torneo del club y con seguridad en la partida de mañana quedaría eliminado. Entonces pensó que sólo un conjuro mágico podría salvarlo. Siempre se había interesado por la magia negra y en un viejo libro había encontrado instrucciones para llamar a Lucifer y someterlo a su voluntad. Nunca había probado y decidió que aquel era el momento oportuno.
Era muy sencillo, pero primero debía ponerse a cubierto dibujando un tablero de ajedrez en el piso, para que cuando llegara Lucifer no pudiera hacerle ningún daño y entonces le podría pedir lo que deseaba, sin que éste pudiera oponerse.­
Para ello, despejó la habitación retirando las mesas y sillas contra las paredes y luego con una tiza blanca dibujó sobre el suelo oscuro, el tablero protector. Después de pararse sobre él y pronunciar las palabras mágicas de encantamiento, vio ante su completa sorpresa, como se fue corporizando lentamente la figura del ángel malo Lucifer, iluminado por las llamas. 
 ― Siempre he sido un inútil jugando al ajedrez y quiero que me hagas ganar la partida de mañana ―, le dijo a Lucifer apenas se paró en el tablero frente a él.
― ¡Y justo a mi me lo vienes a pedir. Estás atrapado y no tienes escapatoria! ―, le replicó Lucifer riendo sarcásticamente, mientras se lo llevaba volando con él hacia el infierno.
Sucedió que no había funcionado la protección que el jugador había hecho en el piso, porque dibujó una casilla negra en lugar de una blanca en el borde inferior derecho del tablero.


2/2/17

La primera partida de ajedrez

En un país muy lejano había un gran valle rodeado de montañas. En la cima de una de ellas había un castillo de color blanco y en la opuesta había otro de color negro. Cada uno de los castillos con sus torres, albergaba al rey con su reina y obispos, los que disponían de peones y caballos para realizar las tareas domésticas. La piel de los habitantes eran del mismo color de los castillos y vivían completamente aislados y separados entre ellos.
Sin embargo, las tensiones habían crecido en los últimos años por el usufructo de los espacios del valle que vinculaban a ambos castillos, en los que comenzaron a delimitarse zonas de posesión exclusivas, pintándolas de color blanco o negro según los casos, hasta que llegó un momento en que la tensión llegó al máximo y la confrontación se hizo inevitable.
Por tal motivo, los reyes crearon sus propios ejércitos, convirtiendo a los peones en valientes soldados que no debían retroceder nunca y adiestrando a los caballos para saltar sobre los obstáculos que se le presentaran. Finalmente se inició la batalla en ese valle de color blanco y negro, sobre el que se jugaba el destino de los habitantes de ambos castillos. 
Esa confrontación disgustó a Dios y al ver desde el cielo aquel espectáculo, con su inspiración divina creó el juego de ajedrez para resolver el problema. Luego llamó a ambos reyes, les pidió que suspendieran la disputa y enseñándoles las reglas del juego, les propuso dirimir el diferendo en una partida para evitar el derramamiento de sangre, pero si empataban deberían comprometerse a llegar a un arreglo y firmar la paz. Ambos reyes aceptaron la propuesta, y le pidieron un plazo de treinta días para prepararse en el estudio del juego.
De esa manera, luego de una intensa práctica, al concluir el plazo establecido, en aquel país lejano se disputó la primera partida de ajedrez de la historia de la humanidad. Por primera vez sobre un pequeño tablero blanco y negro, resplandecieron las piezas que representaban a los contendientes y las jugadas  realizadas por los reyes de los respectivos castillos creaban hermosas combinaciones.
Sin embargo, Dios intervino sutilmente en la mente de los reyes, ayudando con su infinita inteligencia a uno y otro en la contienda, de modo que se fueran diluyendo las posiciones ganadoras, hasta que finalmente quedaron en el tablero sólo las figuras de los reyes en completa igualdad.  De ese modo, la primera partida de ajedrez disputada en el mundo fue tablas.
Entonces, los reyes cumplieron su palabra y decidieron firmar un pacto de paz y amistad para siempre, repartiendo el valle en partes iguales y desde entonces los reinos blancos y negros viven felices en sus respectivos castillos.
Y desde aquel día en que Dios creó el juego de ajedrez, en una trama de tiempo sublime e inmortal, los hombres pueden disfrutar de una confrontación en paz, envueltos en el goce estético de un errante laberinto de sutiles y hermosas combinaciones.

5/10/16

El clásico de los domingos

Cuando yo era muy pequeño, mi padre me regaló un hermoso juego de ajedrez de madera, me enseño sus reglas y desde entonces juego intensamente con él. Yo que era el chico único de la familia, esperaba ansioso que llegara mi padre a nuestra humilde casa después del trabajo, con el tablero y las piezas emplazadas sobre la mesa del comedor.
― ¿Jugamos una partida, papá? ―, le preguntaba cuando llegaba. Mi padre siempre accedía con una sonrisa, aunque algunas veces estaba bastante cansado porque trabajaba de yesero en la construcción de edificios. Entonces nos poníamos a practicarlo antes de la cena preparada por mi madre. Casi siempre empatábamos, porque mi padre me permitía corregir los errores y volvíamos atrás las jugadas, que era una forma que tenía de enseñarme.
Ya en mi juventud las partidas eran más esporádicas, pero se hicieron muy intensas y peleadas y mi padre no me perdonaba. Yo me ponía muy triste porque siempre me ganaba, y entonces conseguí en una biblioteca unos libros de ajedrez con los que estudié algunas aperturas y un poco del  medio juego. Con esos nuevos conocimientos ajedrecísticos pude emparejar bastante los resultados, dado que muchas veces me permitía quedar con alguna ventaja en los finales, donde mi padre era un experto, aunque nunca se había preocupado de estudiar absolutamente nada de este juego.
Con el pasar del tiempo la lucha se fue haciendo sumamente pareja y cada vez más reñida. Luego de muchos sacrificios en la vida pude recibirme de ingeniero, me casé y me independicé de mis padres que tanto me ayudaron en mi juventud, pero siempre nos reuníamos los domingos al mediodía en la vieja casa para almorzar. La familia se mantuvo pequeña dado que lamentablemente no pudimos tener hijos y por las tardes mientras mi esposa y mi madre departían todo el tiempo conversando sobre sus cosas, la partida de ajedrez con mi padre comenzó a constituir el clásico de los domingos.
Fueron muchos los años en que se extendió ese ritual, hasta que todo terminó abruptamente cuando falleció mi madre. Al quedar sólo, mi padre fue perdiendo lentamente la memoria afectado por la enfermedad de Alzheimer y ya cumplidos los setenta años tuvimos que internarlo en un geriátrico especializado, donde el domingo era el día de visita.
En ese establecimiento mi padre no hablaba ni se acordaba prácticamente de nada y cuando al primer domingo lo fuimos a visitar con mi esposa, casi no nos reconoció. Entonces se me ocurrió al domingo siguiente llevar aquel viejo juego de ajedrez de madera que me había regalado de niño y sobre el cual habíamos realizado tantas partidas. Al llegar puse el tablero y las piezas sobre la mesa y cuando mi padre lo vio ocurrió un milagro, ante  el asombro general de todos los que allí estábamos. Su mente pareció resurgir de las tinieblas, me sonrió  y me dijo como en aquellos tiempos de mi niñez:
― ¿Así que me estabas esperando, nene? Bueno, juguemos una partida ante de cenar ―.
Entonces nos sentamos a jugar y ante mi sorpresa, durante la partida me habló coherentemente de las alternativas del juego. Yo traté de jugar lealmente, desplegando toda mi estrategia como siempre lo había hecho en mi vida y en un momento dado, estaba convencido que me encontraba en una posición superior y me surgió la duda de si sería conveniente ganarle, pensando si ello podría afectar su estado mental.
  —Te toca a vos papá y dale que tus finales hoy no te salvan—, le comenté sonriendo al realizar la última jugada, aunque en mi interior estaba bastante preocupado. Mientras tanto, el viejo analizaba muy serio y callado la posición en el tablero.
— No te ilusiones que esta partida está llegando a su fin, ¡Jaque! — me dijo repentinamente, con un destello en la mirada, mientras me comía un peón sacrificando la torre.
Ante esta inusitada jugada quedé completamente sorprendido y no le respondí,  porque al analizar la posición comprendí que tenía razón y cuando le comí la torre, tras unos minutos de silencio, mi padre me anunció las próximas movidas con una sonrisa socarrona:
— Ahora alfil jaque y cuando vayas con el rey a tu única casilla, con el caballo te doy jaque doble y te como la dama—, me dijo con total seguridad.
— ¿Quieres volver atrás tu jugada de toma de torre? ―, me preguntó luego, como siempre lo hacía en los tiempos de mi niñez.
— Abandono porque igual tendrías una ventaja decisiva —, le contesté con mi corazón palpitando de alegría, pero tratando de aparentar en mi rostro un estado de completa resignación y pena, como en aquellos viejos tiempos cuando perdía con él. Al concluir la partida, luego de despedirme con un beso, mi padre volvió a guarecerse en las sombras de su mente.
Desde ese día recomenzamos nuevamente el clásico de los domingos, y como un hecho inexplicable para la ciencia médica, sucedió que mi padre juega ahora mucho mejor que antes y su mente que se despierta en los instantes de las partidas, elabora jugadas maravillosas. Y aunque parezca mentira, me ha ganado hasta este momento todas las partidas que hemos jugado, por más empeño que yo he puesto en el desarrollo del juego. Pero ya no me pongo triste por el hecho de perder con mi padre como en mi juventud, por el contrario, me siento muy feliz y deseo que sean eternos esos clásicos de ajedrez de los domingos, que mágicamente hacen resucitar su mente de las penumbras en la que se halla sumergida.


Seleccionado III Concurso de Relatos cortos sobre Alzhéimer.
Incluido en el libro: En un rincón de la Memoria.
AFAGA Alzhéimer. Pontevedra, Galicia. España. Junio 2017
 

30/7/16

Una lucha encarnizada

Asomaban los claroscuros en el horizonte cuando en ese atardecer alguien me sacó a la fuerza de mi aposento y luego me reclutó como soldado raso para combatir en una guerra declarada contra el ejército adversario. Ya al iniciarse las acciones, uno de nuestros infantes fue ultimado al trenzarse valientemente en una lucha cuerpo a cuerpo, cuando fue descubierto al tratar de realizar una acción táctica para filtrarse entre las huestes enemigas.
Mientras avanzábamos con mis compañeros por uno de los flancos, escuchábamos el trote de la caballería y varios de los nuestros cayeron abatidos al ser sorprendidos después de muchas vicisitudes y estrategias del combate. A mi alrededor la refriega se hizo encarnizada y al llegar el anochecer, en un momento dado comprendí aterrorizado que había quedado solo en medio de las escaramuzas. En poco tiempo los soldados adversarios al descubrirme cargaron sobre mí y tras una breve lucha, alguien me sacó del lugar alzándome por el aire, después que asestaran la estocada final a mi existencia.
Y fue desde allí arriba cuando sentí mucha indignación después de tanto pelear como un bravío peón de nuestro ejército, al observar en ese instante a nuestro cobarde rey, que buscaba esconderse en el tablero detrás de una torre, suplicando a su dama que por favor lo defienda de los jaques amenazadores que se cernían sobre su vida.

28/7/16

La dama traviesa

La llegada del buen tiempo va derritiendo la nieve del jardín de la planta baja, y poco a poco van apareciendo las cosas que se han ido sepultando a lo largo de todo este tormentoso invierno. La semana pasada apareció en el buzón un libro de ajedrez que había comprado por Internet y me lo habían enviado por correo. Ayer encontraron la dama blanca que se me cayó de la mesa cuando luego de analizar una partida en el tablero de ajedrez, estuve tratando de guardar las piezas en su caja de madera. La dama se fue rodando muy traviesa hacia la puerta de entrada y cuando ya la estaba por alcanzar con mi mano derecha, una ráfaga de viento abrió la puerta y me caí, resbalando sobre el hielo de la escalera de acceso en plena tormenta de nieve. Si sigue este buen tiempo, la semana que viene seguramente descubrirán mi cuerpo, junto a la caja de madera firmemente aferrada a mi mano izquierda.

17/7/16

La esquiva dama negra

Cuando abrió la caja conteniendo las piezas para disputar la partida de esa noche y las fue ubicando en el tablero, no estaba la dama negra, entonces sonrió, la tomó del bolsillo de su saco y la colocó en su lugar. Era el mismo juego con el que había disputado la partida la noche anterior, en el torneo que había organizado el club de ajedrez.
Justamente ayer se había celebrado el día de San Valentín y un amor esquivo de su vida había impregnado su espíritu durante toda la partida. Esa  noche con las piezas blancas, ansió desesperadamente capturar a esa hermosa dama negra de madera, que aparecía ante sus ojos como su pretendida, tan distante y temerosa de enamorarse de un hombre blanco.
Luego de una lucha tenaz, finalmente logró su objetivo, pero cuando estaba gozando de la apetecible toma de esa esquiva dama con su caballo, escuchó el grito repentino de “¡jaque mate!” de su rival, que le paralizó el corazón. Y entonces, luego de saludar a su rival, guardó subrepticiamente la pieza en el bolsillo de su saco, porque quería que esa esquiva dama negra, lo acompañara en su solitaria noche de los enamorados.
Y fue allí, cuando al darse vuelta sucedió el milagro de San Valentín, al encontrase mágicamente con los verdes ojos de ella que lo estaban mirando con un resplandor divino.